Son las 12:34 am.

Siempre he soñado con ser una revolucionaria. No sé de qué, pero el liderazgo siempre me ha llamado la atención. Hace días se me ocurrió comenzar una campaña para promover la conciencia sociocultural aquí en los Estados Unidos y, posteriormente, en el resto del planeta.

No se agiten, no haré nada, pero siento en el fondo de mi corazón una tristeza enorme por toda la ignorancia que reina en nuestro planeta. Sobretodo en este país tan poderoso que, si de verdad le importara, pudiera hacer maravillas por todos los ciudadanos de este mundo. Lo que pasa es que la mentalidad del gringo (y no hablo del gringo como blanco, sino del gringo como latino, negro, asiático, árabe, etc. porque la variedad es impresionante) está limitada al patio de su casa. “Qué importa que se maten en el Líbano, yo nunca voy a ir allá,” “Qué me interesa a mí Irak, ya los soldados están cumpliendo,” “Venezuela quién?” Es frustrante.

Yo solamente me pregunto, por qué gastar tanto dinero en programas de reclutamiento mientras que la cura del SIDA y el destino de miles de desamparados en el mundo dependen de filántropos. Cómo me gustaría que la gente dejara de ver fronteras en esta tierra. 

Porque Son las 12:48

Llevo casi cien noches sin ver la luna. Aunque sólo he considerado el tiempo de mi cabeza. Me aterra el pensar que los minutos van tan rápido, porque yo me siento lenta… sigilosa… casi preparando un plan de ataque para tomar al tiempo por sorpresa y decirle en su cara que es tan sólo una ilusión… porque el tiempo no existe.

Todo lo que he visto siempre ha estado ahí, donde lo busco. He llegado a la conclusión de que la seguridad es la única cosa que aprueba el sentimiento de eternidad que constatemente me invade. Consciente estoy de que todos vamos a morir. Sé que el día se vuelve noche y que los niños se vuelven viejos… Pero aún no entiendo cómo pueden decir que todo es cuestión de tiempo.

Dedicado a la Persona que Vive en Mi Cabeza

Te quiero y
No te quiero
Es una pena que satura hasta el alma más inconsciente
Tiene un color resplandeciente que esclarece los suspiros
Y con sus vanos artificios, sus dulzuras y largas horas
Lentamente me ahoga
Hasta que el llanto se vuelve río
Te quiero y no te quiero
No es tan fácil el querer
Si te deseo no te comprendo, y si te entiendo
No das placer
Es absurdo el quererte
Es una absurda morbosidad
Si te acaricio poco a poco
Me sonrojo
Pero tus manos, tan ajenas
Sin malicia me envenenan
Y me recuerdan
Que no eres alguien en verdad

Probablemente el Post Más Superficial que Verán en el Blog de Ivana

Me ha tomado todo el año superar una inmensa duda personal que comenzó apenas culminaba el año anterior. No sé, me pareció que de un momento a otro comencé a ser negligente conmigo misma de tal manera que ahora me resulta inaceptable. Aunque no tengo un nombre para definir mi situación de una manera precisa, sí pude encontrar un término más general; abandono.

No comprendo a qué se debió, pero lentamente fui arreglándome menos, olvidando todo tipo de actividad física, comiendo exageradamente, y durmiendo toda la tarde. Qué horror. Al principio me pareció normal, me felicité a mí misma por darme unas vacacioncitas lejos de la vanidad. Inconscientemente me justificaba con la excusa de que me estaba volviendo más natural y menos “plástica.” Y para colmo, le hice la cruz a todas las mujeres bellas del planeta porque eran unas superficiales sin oficio obsesionadas con Paris Hilton.

Lo más extraño de todo, es que durante parte de ese tiempo yo seguía totalmente segura de mí misma y mi autoestima no cayó ni un poquito. La misma cantidad de chamos me echaba los perros y yo como la más mami les decía que no porque sinceramente no me calaba los cuenticos de nadie si no me interesaba.

Pero un día La Voz de la Sabiduría (mi madre) quitó todas las telarañas que envolvían mi mundo de fantasía y me hizo caer en la realidad. “Ivana, tú como que te has ganado unos kilitos.”
“No Mami, por Dios, qué kilitos de qué? Si yo estoy igualita.”
“Ah bueno, tú sabrás. Pero en estos días estaba viendo las fotos del cumpleaños de tu hermano y ya no te pareces a la muchacha con la franelita de Brasil.”
“Cónchale Mami es que tú siempre has estado obsesionada con éso de las dietas y los ejercicios, no me vengas con el mismo cuento otra vez.”

Me gustaría muchísimo poder decir que en aquel momento La Voz de la Sabiduría tuvo algún efecto en mí. Pero no. Conversaciones como aquella se repitieron una y otra vez. Decidí consultar con mis amigas, pero qué va, aquí las gringas son duras para decirte algo como “Sí mamá ‘tás gorda!” en tu cara.

Con los meses, al darme cuenta de que mi madre tenía, como siempre, toda la razón, mi autoestima fue cayendo poco a poco. Lo peor es que pensaba que ya nada me podía sacar de ahí. Me sentía floja, gorda, aguada, bruta. Ay no, qué horror es ser mujer algunas veces.

Pero a medida que el año acababa comencé a tomar las riendas del asunto y a buscar soluciones a mi problema, que en realidad no era tan grave como yo me lo planteaba. Empecé por adoptar una filosofía de amar mi cuerpo. No me importa qué talla use, o si tengo una espinilla, o no encuentro ropa que me convenza, me amo tal cómo soy, porque soy una obra de Dios, y él me da la oportunidad de mejorar lo que veo en el espejo. Luego fui a la nutricionista, aprendí a comer mejor; más frecuentemente pero cantidades más pequeñas. También empecé a hacer ejercicios con mi madre que es una mujer preciosa y me empuja a seguir adelante. En fin, comencé a quererme de nuevo y a asimilar el hecho de que mi cuerpo es sagrado y debo cuidarlo para que refleje las maravillas que encierra dentro.

Sé que parece cursi, pero no imaginan la seguridad que he recobrado. Siento que soy una mujer verdadera. No sólo porque me cuido físicamente sino porque no descuido el espíritu y cada día busco cosas que lo puedan ayudar a crecer. Sí, sí, como el título dice, este es probablemente el post más superficial que verán aquí, pero en verdad necesito enviar este mensaje a cada persona para ayudarlos a entender que siempre hay una solución a todo, y que lo importante es tener la perspectiva apropiada y la actitud correspondiente para ver todos los cambios positivos, por muy pequeños que sean.

Ivana.

Perdonen la Intromisión

Ivana saluda con humildad. La verdad, nunca ha estado aquí, y se siente aún más extranjera frente a una pantalla que delante de una cultura que hace dos años era nueva. También soy extranjera aquí, donde vivo.

Aunque no soy tan vieja, suelo sonar como una abuela a la hora de escribir. Por favor, no dejen que mi afán de pretender una madurez prematura que sinceramente no poseo los confunda, o en el caso más extremo, los ofenda. Sólo he venido a drenarme.

Me siento un tanto apologética con todas estas justificaciones. La verdad, no es así como soy, pues tiendo a ser un poco más negligente. Pero me parece necesario establecer de una vez aquellos puntos para no tener que explicarme en el futuro y volverme redundante.

Si has leído hasta aquí, te lo agradezco. Y espero dejarte saber más de mí a medida que crezco… y sobrevivo.

Ivana.

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